EL ANILLO Y ELA
Levantó los brazos con naturalidad
y se estiró
como la calle principal
de nuestra pequeña ciudad
que se extiende sin fin,
como un río salvaje,
indómito.
Me convertí en un pez,
escondido entre los guijarros,
dentro de sus rizos sueltos.
A veces creo
que todos estos años
estuvo en algún lugar lejano
y ahora regresa,
por el cielo florecido del pasado,
a un abrazo —
como si la espera
no nos hubiera doblegado.
Me cansé de las palabras
que como cristales tamborilean
sobre los tejados del silencio,
de la distancia
que tuerce la realidad,
dejándonos
en lados opuestos
de un mismo poema,
concebido en la soledad.
Debajo del corazón
escondí su mano tibia;
con lo no dicho ella escondió
mi palabra.
En los remolinos del tacto ausente
nos escondimos,
y ya nadie sabe
devolver la sonrisa,
el murmullo de los labios plenos.
Tan salvaje,
tan joven,
tan necesaria —
aunque haya sido un sueño,
llenó la vigilia
con las huellas de sus dedos de terciopelo,
del anillo equivocado.
*Publicada en el libro „Brišem ti trag“ (Borro tu huella).
Versión en serbio – Prsten i ona
Traducción al español de Angélica Yael Changala.
